MEXICO CITY RESIDENT - 2026
Gina Santos
MÉXICO
La Urdimbre de lo Liminal, Gina Santos una anatomía Ch'ixi *
En el marco de su residencia en lagos|estudios y residencias, la artista Gina Santos despliega una investigación visual y matérica que no solo se observa, sino que se acuerpa. Su trabajo es un ejercicio de arqueología personal y política donde la identidad no es un destino estático, sino un tránsito constante. A través de una lente de feminismo decolonial, Gina explora la tensión de habitar un espacio liminal: ese umbral donde el linaje indígena de la Sierra de Puebla se encuentra —y a veces colisiona— con la cotidianidad urbana en Nepantla**.
El eje conductor de estas piezas es, literalmente, la extensión del cuerpo: su cabello. Santos lo transmuta de desecho biológico a fibra soberana, utilizándolo como materia prima en dos cuerpos de obra que dialogan desde el contraste. En el primer conjunto, el cabello se convierte en fieltro sobre pañuelos. Aquí, la identidad se desprende del detalle figurativo para buscar la fuerza de lo inmaterial.
A través del blanco y un tono marrón oscuro, las piezas evocan ondas energéticas y la condición terrestre de nuestra materia, respectivamente. No vemos un rostro, sino la vibración del ser; es una representación de la identidad que se siente antes de entenderse, una cartografía de lo que somos cuando dejamos de lado el nombre y nos quedamos con el pulso.
El segundo cuerpo de obra se compone de lienzos blancos de formato pequeño y un políptico central. En estas piezas, el cabello abandona su forma de masa para volverse hilo y sutura. En las piezas individuales vemos dos tratamientos de bordado, el sobre la tela y el por debajo, en el primero la palabra abrigar lo común y en el segundo las palabras sutil y firmeza; con claridad apreciamos las connotaciones de concepción sobre el mundo,el de arriba, el de la materia y el de abajo, el mundo leve. En el políptico cada panel porta una palabra cargada de intención conectiva: des, hilar, tejemos y borda. La genialidad conceptual reside en la formalización: las palabras no están simplemente bordadas; están unidas por cabellos. Este gesto materializa la complejidad de la mujer mexicana consciente y contemporánea.
Gina pone de manifiesto una contradicción habitable: La sutileza frente a la fuerza. La fragilidad frente a la conexión inseparable y el cuidado como acto de resistencia. Estas piezas son un recordatorio de que nuestra identidad actual es un tejido que se deshace y se vuelve a hilar constantemente para sostenernos frente al mundo. El cierre de estos conjuntos de obra son dos piezas flotantes -cuya estética recuerda a los estandartes procesionales- realizadas en fieltro negro. En ellas, Gina sintetiza sus dos grandes ocupaciones: el cuerpo humano y la montaña (el territorio). Lo más revelador en estas piezas es el uso de agujas como principio de línea. La aguja, que hiere pero también sujeta, funciona como una resemantización de las fracturas y los dolores del choque cultural latente en la filiación. Al clavar la aguja, Santos no busca el castigo, sino la articulación creativa. Es una forma de decir que, aunque el origen duela o el tránsito fracture, el arte tiene la capacidad de zurcir la herida y convertirla en símbolo.
El trabajo de Gina Santos en Lagos es, en última instancia, una expresión cabal de habilidad senso-concepto-espacio-manual. Es una obra que no solo ocupa la materia textil, sino que reclama el espacio necesario para que la identidad actual que se hace de la ganancia de complejidad y resiliencia, deje de ser una sombra y se convierta en presencia radical.
olgaMargarita dávila, chief curator
Anáhuac, CDMX - abril 2026
** Palabra aymara que describe un color gris que resulta de la yuxtaposición de puntos blancos y negros, propuesta por Silvia
Rivera Cusicanqui
*Término recuperado de la filosofía náhuatl por la pensadora chicana Gloria Anzaldúa, que se refiere a habitar en un puente.
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EN
The Warp of the Liminal: Gina Santos, a Ch'ixi Anatomy*
Within the framework of her residency at Lagos | estudios y residencias, the artist Gina Santos unfolds a visual and material investigation that is not merely observed, but embodied. Her work is an exercise in personal and political archaeology where identity is not a static destination, but a constant transit. Through a decolonial feminist lens, Gina explores the tension of inhabiting a liminal space: that threshold where the indigenous lineage of the Sierra de Puebla meets—and sometimes collides with—urban daily life in Nepantla*.
The driving axis of these pieces is, literally, an extension of the body: her hair. Santos transmutes it from biological waste into a sovereign fiber, utilizing it as raw material in two bodies of work that dialogue through contrast. In the first set, hair is transformed into felt upon handkerchiefs. Here, identity detaches itself from figurative detail to seek the power of the immaterial.
Through white and a dark brown tone, the pieces evoke energy waves and the terrestrial condition of our matter, respectively. We do not see a face, but rather the vibration of being; it is a representation of identity that is felt before it is understood—a cartography of what we are when we set aside the name and remain with the pulse.
The second body of work consists of small-format white canvases and a central polyptych. In these pieces, the hair abandons its mass form to become thread and suture. In the individual pieces, we see two embroidery treatments: one above the fabric and one beneath. In the former, the phrase abrigar lo común (to shelter the common); in the latter, the words sutil (subtle) and firmeza (firmness). We clearly appreciate the connotations of world conceptions: the world above, of matter; and the world below, the light world. In the polyptych, each panel bears a word charged with connective intention: des (un-), hilar (spin), tejemos (we weave), and borda (embroiders). The conceptual brilliance lies in the formalization: the words are not simply embroidered; they are joined by hairs. This gesture materializes the complexity of the conscious, contemporary Mexican woman.
Gina reveals a livable contradiction: subtlety versus strength; fragility versus inseparable connection; and care as an act of resistance. These pieces serve as a reminder that our current identity is a textile that is constantly undone and re-spun to sustain us against the world. Closing these sets are two floating pieces—whose aesthetic recalls processional banners—made of black felt. In them, Gina synthesizes her two great preoccupations: the human body and the mountain (the territory). Most revealing in these pieces is the use of needles as a principle of line. The needle, which wounds but also binds, functions as a re-semantization of the fractures and pains of the latent cultural clash within kinship. By driving the needle in, Santos does not seek punishment, but creative articulation. It is a way of saying that although the origin may hurt or the transit may fracture, art possesses the capacity to darn the wound and convert it into a symbol.
Ultimately, Gina Santos' work at Lagos is a full expression of sensory-conceptual-spatial-manual skill. It is a work that does not only occupy textile matter, but reclaims the space necessary for a current identity—forged from gains in complexity and resilience—to stop being a shadow and become a radical presence.
olgaMargarita dávila, chief curator
Anáhuac, CDMX - April 2026
* Aymara word describing a gray color resulting from the juxtaposition of black and white dots, proposed by Silvia Rivera Cusicanqui.Term recovered from Nahuatl philosophy by Chicana thinker Gloria Anzaldúa, referring to inhabiting a bridge.